Había caminado durante un rato por el camino lleno de piedras, rocas y arena que llevaba a la casa.

Era bastante difícil seguirlo, había perdido toda simetría por la acción del viento y las lluvias. Ascendía levemente durante un buen tramo y antes de llegar al muro exterior de la casa se abría y aplanaba. Descalzo, se había dejado las cholas en la playa, e iba tropezándose e intentando rasguñarse los pies lo menos posible. Casi había llegado. A los lados del camino se detectaban señales de que ese suelo había sido usado para la agricultura y la ganadería. En el lado derecho, las parcelas rectas y escalonadas servirían como zona de cultivo y, al izquierdo, construcciones circulares de piedra se usarían como corrales para el ganado. Mediante un sistema de canales o targeas el agua era llevada desde su origen, en la casa, hasta la zona de cultivo y a los abrevaderos del ganado. Señales daban a entender que la gente que habitó ese lugar no quería salir de allí, o que los vieran. Tenían un sistema auto suficiente de obtención de alimentos.

El muro exterior estaba hecho de piedra volcánica negra, dispuesta una encima de otra de una manera milimétrica. Era tal la perfección con la que habían sido apiladas que ni una hoja de papel cabía en las uniones. Medía alrededor de cuatro metros de alto y uno de ancho. Unas pequeñas troneras o aspilleras dejaban ver el exterior desde el patio de la entrada. En la cara oeste, el muro tenía una abertura de unos tres metros de ancho donde antes hubo un portón.

Debió haber sido majestuoso en su momento.

Entró en el patio. Dos casetas o barracones como los que usa el ejercito para albergar a sus tropas se situaban pegados al muro sur de la edificación. En el lado norte, lo que era un jardín con árboles, se había convertido en un cementerio vegetal, lleno de troncos secos y tocones. Aulagas, unas plantas de ambientes áridos con hojas en forma de espinas puntiagudas, habían colonizado esa zona de la casa.

Algunas lagartijas salían se su escondrijo, interesadas en ver quien estaba profanando aquel lugar, uno que hace muchos años que nadie pisaba.

El centro de atención de la casa era el gran torreón del lado norte.

Su estructura emergía desde el segundo piso de la casa y parecía que había sido construida antes que la casa, ya que las piedras con las que ambas fueron construidas eran distintas. La piedra del torreón, más antigua, había adquirido un tono rojizo al ocaso, el cual se acrecentaba y casi llegaba a brillar justo antes de que el sol desapareciera en la línea del horizonte. Se había quedado hasta el anochecer varias veces para capturar ese instante, incluso tenía algunas fotos colgadas en la pared de su cuarto. El muro se unía a la pared de la torre, como si partiera de el y rodeara el recinto. La piedra con la que estaba hecho también era distinta a la que se utilizó a la casa, podría haber sido construido a la vez que el torreón.

Se quedó un tiempo quieto, mirando a la construcción circular y pensando que si la casa se había construido más tarde que la torre y el muro, que protegían estos.

Puede que hubieran respuestas en el interior, todo era muy misterioso.

Fue hacia la entrada principal. Cuando llegó se quedó perplejo, el marco de la puerta estaba laboriosamente tallada. Numerosas figuras que se asemejaban a personas estiradas y retorcidas con la boca abierta y ojos profundos se entrelazaban entre las ramas de unas enredaderas, lo que mostraban una imagen dantesca, a modo de advertencia. No inspiraba ninguna tranquilidad y para nada daba la bienvenida a ningún visitante. Un escalofrío le recorrió la espalda. Unas letras escritas en una lengua que no pudo reconocer estaban talladas en la parte superior del marco. No sabía lo que significaba, pero pensó que tampoco quería saberlo.

Dudó un momento. Le había llegado un mal augurio, las runas de la puerta le ponían nervioso. Tenía la sensación de que si entraba en aquel lugar se encontraría con algo de lo que no podría escapar fácilmente. Empujo una de las hojas de la puerta y esta cayó provocando un estruendo que perturbó aquel lugar. Una corriente de aire frío salió súbitamente de la casa y sintió como se le erizaban todos los pelos del cuerpo.

Respiró profundo y dio un paso hacia la oscuridad del interior.

Acto 5 – Simusetti

Categories: Aventura

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