La temperatura había bajado. Permanecía quieto en el recibidor de la entrada esperando hasta que sus ojos se acostumbraran a la súbita oscuridad. Un olor a humedad impregnaba el aire. Poco a poco, sus pupilas fueron abriéndose cual gato y empezó a descubrir la estancia en la que se encontraba. La casa estaba formada por un cuadrilátero en cuyo centro había un gran patio interior. Habían llegado historias hasta él sobre una abertura misteriosa que se abría hacia el interior de la tierra, un pozo.

Sin embargo, solo habían sido cuentos de algún vagabundo con el que había hablado en la ciudad. Desde la base de la esquina norte del mismo, se elevaba imponente la torre. Esta mediría unos cincuenta metros de altura y en su parte superior cuatro arcos, uno en cada lado, sostenían un techo plano. ¡La fachada de la casa estaba construida a partir de gruesos bloques de granito!

-¡Pero qué demonios es esto! – Exclamó. La cabeza le daba vueltas. No conseguía encontrar en su mente una manera de traer los gigantescos bloques del pesado granito a través del sinuoso camino que llevaba allí, pues en la época que se construyó, el método más efectivo era a través de burros y era imposible que estos pudieran arrastrarlos. Era muy extraño.

Siguió indagando el lugar, a medida que lo iba descubriendo, más perplejo se quedaba. El lado que daba hacia afuera estaba recubierto de cal, y desde ahí no se atisbaba la belleza del interior; los bloques de la dura piedra que habían sido finamente tallados y pulidos formaban grabados que construían un mural. Sus finas líneas contaban una historia o acontecimiento, al igual que lo hacían los tapices que se elaboraban en la antigüedad.

Increíblemente se había conservado sin ningún tipo de deterioro.

La estancia daba hacia el patio mediante una serie de arcos abovedados que se abrían permitiendo la entrada de luz, además de la aireación de la construcción. Sólo se veía una única entrada que daba hacia unas escaleras, estaba al otro lado del patio y se alineaba perfectamente con la entrada principal. Partía del pasillo este de la edificación —pensó que seguramente llevaría hasta la torre— . Justo entre ambas, en el medio del patio interior, un pozo.

Su brocal estaba bellamente ornamentado con escritos tallados en granito, al igual que el mural de las paredes.

Llamaba la atención, pues no se distinguía ningún resto de mecanismo que sirviera para recoger el agua que se suponía había en su interior. Era aún más raro la inexistencia de un paso a través de los muros que llegara hasta él, los arcos se sucedían uno tras otro y no había ningún tipo de abertura en ellos que permitiera el paso.

Parecía que la casa en sí no era más que una sólida estructura defensiva que centraba su construcción alrededor de ese pozo.

Acto 6 – Sesetti

Categories: Aventura

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *